Un estudio del MIT revela que tres drogas anestésicas afectan el cerebro de manera similar. A pesar de que cada fármaco actúa de forma diferente en las neuronas, todos causan una alteración en el equilibrio entre estabilidad y excitabilidad cerebral.
Esta alteración incrementa la inestabilidad de la actividad neural, llevando a la pérdida de la conciencia. Este descubrimiento podría facilitar el desarrollo de tecnologías para monitorear a los pacientes bajo anestesia.
Desarrollo de un sistema universal de anestesia
“Lo emocionante de esto es la posibilidad de un sistema universal de administración de anestesia que pueda medir un solo signo y determinar cuán inconsciente está el paciente, sin importar qué fármacos se usen”, explica Earl Miller, profesor de neurociencia en el MIT.
Miller, junto a Emery Brown y otros investigadores, trabaja en un sistema automatizado que ajustaría la dosis de anestesia basándose en la estabilidad del cerebro medida a través de EEG. Esto ayudaría a mantener a los pacientes inconscientes durante la cirugía sin alcanzar un estado de inconsciencia excesiva, que puede acarrear efectos secundarios negativos.
Efectos de los fármacos anestésicos
La forma en que los fármacos anestésicos inducen la pérdida de conciencia ha sido un tema de estudio en neurociencia. Investigaciones anteriores sugieren que, por ejemplo, el propofol interfiere en el equilibrio entre estabilidad y excitabilidad cerebral.
Cuando una persona está despierta, su cerebro mantiene este equilibrio, respondiendo a estímulos y regresando a un estado estable. “El sistema nervioso debe operar en un rango estrecho de excitabilidad”, menciona Miller.
En investigaciones recientes, se analizó cómo el propofol, el ketamina y el dexmedetomidina afectan la actividad cerebral, encontrando que todos inducen un patrón de inestabilidad similar. Aunque los mecanismos moleculares varían, el resultado final es el mismo: una desestabilización del equilibrio cerebral.
Mejoras en el monitoreo de pacientes
Al confirmar que estos fármacos producen patrones similares de desestabilización en el cerebro, los investigadores creen que esto podría ser útil para el monitoreo de pacientes durante la anestesia. Aunque la anestesia es generalmente segura, conlleva riesgos, especialmente en niños pequeños y personas mayores de 65 años.
Para mitigar estos riesgos, Miller y Brown están desarrollando un dispositivo prototipo que mide las lecturas de EEG de los pacientes bajo anestesia y ajusta la dosis en consecuencia. Actualmente, se monitorizan signos vitales como la frecuencia cardíaca y la presión arterial, pero estos no ofrecen una lectura precisa del nivel de inconsciencia del paciente.
“Si puedes limitar la exposición a la anestesia, puedes reducir riesgos de manera significativa”, concluye Miller.

