Jeremy Levine, un capitalista de riesgo, ha encontrado una solución ingeniosa a una situación que le molesta, según un artículo del Wall Street Journal sobre el auge de las aplicaciones de transcripción con inteligencia artificial. En Zoom, ha cambiado su nombre a “Jeremy Levine I do not consent to transcribing or recording”.
Este cambio puede parecer trivial o brillante, dependiendo de la perspectiva. Sin embargo, es evidente que la grabación constante se está volviendo común, gracias al aumento de aplicaciones y dispositivos de toma de notas con IA, de los cuales hemos cubierto muchos aquí en TechCrunch.
La grabación de reuniones y citas
Eric Bahn, otro capitalista de riesgo, menciona que ahora asume automáticamente que sus reuniones con fundadores serán grabadas, incluso antes de ver un teléfono deslizándose por la mesa. Una fundadora dice al WSJ que graba la mayoría de sus primeras citas con la aplicación Granola, luego utiliza la transcripción para evaluar su capacidad de ser más “interactiva o empática”.
Levine considera que esta tendencia es un “comportamiento socialmente inaceptable” que puede arruinar las conversaciones espontáneas. Otros participantes del artículo destacan que esto representa un campo minado legal.
El exceso de grabaciones
Sin embargo, surge otra pregunta: si cada reunión, conversación informal y cita romántica se transcribe y resume, ¿quién realmente está leyendo todo eso? ¿En qué momento esta acumulación de grabaciones deja de ser útil y se convierte en un archivo que nadie tiene tiempo para revisar?


