Fundador saludable supera el cáncer con la ayuda de inteligencia artificial

Conno Christou es un empresario que no deja nada al azar. Utiliza una banda Whoop para seguir su sueño, además de cruzar datos con un anillo Oura y realizar chequeos de casi 100 biomarcadores cada año. Desde hace cuatro años, sigue protocolos de investigadores en longevidad como Peter Attia y Rhonda Patrick, optimizando su salud.

A los 35 años, mientras construía su segunda empresa, estaba al tanto de las últimas investigaciones sobre salud. En su revisión médica de 2025, los resultados fueron excelentes: “Era lo mejor que había tenido en años”, recuerda.

Diagnóstico inesperado

Todo cambió después de un entrenamiento, cuando notó que su brazo se hinchaba. Al principio no le dio importancia, pero una semana después, tras consultar a un médico, le encontraron dos coágulos en las venas y programaron una cirugía. Sin embargo, los exámenes preoperatorios revelaron algo más grave.

“Detectamos una masa de 11 por 11 por 8 centímetros detrás de tu esternón”, le comunicó el doctor. Un análisis confirmó el diagnóstico: tenía un linfoma no Hodgkin agresivo, raro y causado por una mutación genética aleatoria, sin relación con su estilo de vida.

El tumor había estado presente solo tres meses y, de no haber sido detectado, habría alcanzado la etapa cuatro en tres semanas.

Opciones de tratamiento

“Tuve suerte en mi mala suerte”, reflexionó Christou desde su hogar en Atenas. La detección de su cáncer ocurrió gracias a una consulta médica por otra razón. A partir de ahí, comenzó a aprender sobre los límites del sistema médico y cómo un paciente decidido puede aprovechar las herramientas disponibles.

Su primer oncólogo, un especialista reconocido, recomendó un tratamiento de quimioterapia más ligero. Sin embargo, Christou decidió buscar una segunda opinión la noche previa a su primera infusión.

El segundo doctor no dudó en recomendar un tratamiento más agresivo: una infusión continua en hospital, cada tres semanas durante seis meses, con una tasa de éxito del 85%. A pesar de ser dos médicos de renombre, sus recomendaciones eran opuestas.

La búsqueda de respuestas

“Como fundadores, debemos tomar el control”, afirmó Christou, enfatizando que no se debe aceptar la primera recomendación sin cuestionarla. En los siguientes días, recopiló 12 opiniones, contactando a hematólogos y oncólogos en Estados Unidos y en el extranjero. La mayoría apoyó el tratamiento más intenso.

Durante seis meses de tratamiento, Christou abordó la quimioterapia como un ciclo de sprints, analizando datos cada semana. Su experiencia en el servicio militar en Chipre le sirvió de guía: “Iré a ser un buen soldado”, se decía.

Mantuvo su Whoop puesto, que le ayudó a predecir los días en que su sistema inmunológico se debilitaba. Además, llevó un diario de síntomas utilizando transcripciones de voz, registrando cada cambio y efecto secundario.

Aprovechando la inteligencia artificial

Christou concentró su atención en tres factores: sueño, nutrición y psicología. En su opinión, la última variable es clave: “Nunca me pregunté ‘¿por qué yo?’, esa pregunta no tiene respuesta útil”. Alimentó todos sus datos en Claude, un chatbot que ha sido utilizado por muchos para obtener orientación médica.

Aunque expertos advierten sobre el uso de chatbots para diagnósticos personalizados, Christou considera que le ayudó a formular las preguntas adecuadas. En su caso, acceder a un modelo que había absorbido toda la literatura médica fue invaluable.

Al final del tratamiento, su PET scan dio resultados ambiguos, lo que llevó a su oncólogo a considerar una segunda línea de terapia, lo que le preocupó. Pero, al investigar, Christou descubrió que la tasa de falsos positivos en estos escaneos es alta, especialmente en pacientes jóvenes como él.

Confirmación y lecciones aprendidas

Al alimentar sus escaneos en Claude, el modelo identificó un fenómeno conocido: en pacientes menores de 40 años que se recuperan de este linfoma, la glándula timo puede reactivarse tras la quimioterapia, apareciendo como enfermedad activa en las imágenes. Esto le otorgó una probabilidad del 90% de que no hubiera enfermedad activa.

Después de buscar tres opiniones más, un cuarto médico confirmó la reactivación del timo. No había enfermedad activa y no era necesario el tratamiento de radioterapia. Christou se sintió aliviado.

Hoy, sigue reflexionando sobre lo que ha significado el último año para su salud y su forma de trabajar. Antes de todo esto, fundó Keragon, una plataforma impulsada por IA que ayuda a las prácticas médicas a automatizar sus operaciones administrativas.

Reflexiones finales

Sin embargo, su experiencia como paciente le ha dado una nueva perspectiva. Observó a enfermeras y médicos abrumados por tareas administrativas. Recibió el mismo protocolo de quimioterapia que una mujer de 80 años, con efectos secundarios que requerían más medicamentos, cada uno con sus propios problemas. Está convencido de que en el futuro miraremos atrás y nos asustaremos de este periodo de tratamiento.

Ahora, toma los domingos libres y busca estar presente en momentos cotidianos. Un amigo le recordó hace años: “Sé feliz ahora”. Aprecia la importancia de este consejo, aunque le ha costado seguirlo.

Christou está dispuesto a compartir su experiencia con quienes atraviesan situaciones similares. “Lo que puede hacer la IA por los pacientes está sucediendo hoy”, afirma con convicción.

Ilustración de un hombre mayor con auriculares y chaqueta