Un grupo de estudiantes del MIT viajó a Barcelona para explorar la resiliencia climática mediante la agricultura sostenible. Participaron en el curso STS.S22, dirigido por Kate Brown, profesora de Historia de la Ciencia, donde aprendieron fuera del aula.
El curso, parte de MIT International Science and Technology (MISTI), ofreció una experiencia práctica. Los estudiantes visitaron granjas y mataderos locales, prepararon cenas para migrantes y construyeron un invernadero como parte de su aprendizaje sobre sostenibilidad.
Experiencias prácticas e innovadoras
Brown buscó que los alumnos reflexionaran sobre alternativas al desarrollo capitalista, mostrando cómo se resuelven problemas en comunidades como la de Barcelona. Mediante asociaciones con el Instituto de Investigación Urbana de Barcelona y Research and Degrowth (R&D), los estudiantes examinaron la historia de los movimientos cooperativos en la región.
Durante el curso, los alumnos trabajaron con Pino Delàs, un agricultor que dejó la producción industrial para establecer su propia operación sostenible. Este enfoque local promueve la agricultura comunitaria y reduce el desperdicio.
Compromiso comunitario
Barcelona, con más de un siglo de tradición cooperativa, fue el contexto ideal para que los estudiantes se involucraran en el trabajo comunitario. Colaboraron con voluntarios en el Agora Squat, un parque que fue salvado de un proyecto hotelero gracias a la protesta de los vecinos. Ahora, este espacio alberga una cocina comunitaria y jardines.
Un jueves, los estudiantes asumieron roles de gestores y cocineros, preparando una cena con ingredientes donados. A pesar de que muchos no se consideraban chefs, lograron crear un nutritivo guiso para 70 personas, utilizando productos que de otro modo habrían sido desechados.
Proyectos finales y reflexiones
Calvin Macatantan, uno de los estudiantes, expresó su deseo de impactar a las comunidades a través de la investigación. Junto a un compañero, escribió un libro infantil para explicar el trabajo de La Bruguera, un eco-resort que sirve como laboratorio vivo.
Sofia Espindola de La Mora, quien se interesó por la ciencia del clima, destacó cómo el curso le ayudó a entender las implicaciones del movimiento de decrecimiento. Reconoció que no se trata de desacelerar, sino de reevaluar el enfoque de producción y consumo.
Una nueva perspectiva sobre el aprendizaje
Brown enfatiza la importancia de abordar problemas climáticos a nivel local, permitiendo que los estudiantes se involucren en sus comunidades. Desde su regreso, han continuado cocinando juntos, creando un sentido de comunidad y colaboración.
Alicia Goldstein Raun, directora asociada de MISTI, destacó la relevancia de estas experiencias de aprendizaje fuera del campus, donde los estudiantes se enfrentan a retos globales como el cambio climático. Para más información sobre la creación de aulas globales MISTI, se puede consultar aquí.


