Interacción entre humanos y máquinas en la cocina
¿Cómo puede la inteligencia artificial salir de una pantalla y convertirse en algo tangible con lo que interactuamos? Esta pregunta fue el punto de partida de la clase 4.043/4.044 (Inteligencia de Interacción) del MIT, enfocada en diseñar una nueva categoría de objetos interactivos impulsados por IA.
Conocidos como objetos de lenguaje grande (LLOs), estas interfaces físicas extienden los modelos de lenguaje a la realidad. Sus comportamientos pueden ser generados para personas o aplicaciones específicas, y sus interacciones evolucionan de simples a complejas, brindando apoyo tanto a usuarios novatos como expertos.
Marcelo Coelho, profesor asociado en el Departamento de Arquitectura del MIT, señala que, a pesar de su poder, estas nuevas formas de inteligencia carecen de comprensión contextual del mundo físico, lo que limita su inteligencia. En contraste, los LLOs están situados físicamente e interactúan en tiempo real con su entorno. El curso busca cerrar esta brecha y desarrollar una nueva disciplina de diseño para la era de la IA.
Diseño de un dispositivo interactivo
Los estudiantes Jacob Payne y Ayah Mahmoud, con la tarea de diseñar un dispositivo interactivo que quisieran en sus vidas, se centraron en la cocina. Aunque disfrutan cocinar, se inspiraron en la primera computadora de cocina del hogar: la Honeywell 316 Kitchen Computer, lanzada en 1969.
Payne describe este intento como una referencia histórica intrigante, a pesar de ser impracticable. Mahmoud, por su parte, quiso diseñar algo que facilitara la cocina a quienes no tienen experiencia previa. Su enfoque fue ayudar a encontrar nuevas formas de utilizar ingredientes que podrían desperdiciarse.
El dispositivo, llamado Kitchen Cosmo, fue concebido como un “generador de recetas”. Uno de los retos fue asegurarse de que el LLM reconociera parámetros de cocción en el mundo real, como temperatura y tiempo.
Desarrollo y mejoras del dispositivo
A medida que trabajaban en el proyecto, los estudiantes ajustaron el dispositivo para adaptarse a diversas formas de preparar alimentos. Consideraron factores como el tipo de comida (desayuno, comida, cena) y las preferencias dietéticas del usuario. También se incluyó un dial para reflejar el estado de ánimo del cocinero.
Payne y Mahmoud querían que su dispositivo actuara como un “socio” en la cocina, brindando un control físico sobre cómo respondía la IA. Tras completar el trabajo electrónico, crearon modelos en cartón antes de llegar al diseño final, que describen como “retro” y pintado de rojo, en alusión a la computadora Honeywell.
Kitchen Cosmo incluye una cámara que escanea los ingredientes y traduce esta información en una receta. Además, cuenta con una impresora térmica integrada que entrega la receta en papel.
Futuras iteraciones y aprendizajes
A pesar de que Kitchen Cosmo tuvo cierta atención en revistas de diseño, ambos estudiantes tienen ideas para futuras mejoras. Payne desea que el dispositivo utilice datos de la cocina para ofrecer consejos sobre cómo mejorar los platillos en preparación.
Mahmoud está investigando cómo optimizar Kitchen Cosmo para su tesis, considerando sugerencias de compañeros para mejorar su funcionalidad. Una de las ideas es implementar un modo de “aprendizaje” donde el dispositivo ofrezca instrucciones sobre herramientas de cocina.
Mahmoud, quien inició su educación en MIT como geóloga, ha encontrado en el diseño una pasión renovada. Su experiencia en la clase de Coelho ha definido su camino en el diseño de productos, sintiéndose inspirada y menos abrumada por la carga de trabajo.


