En enero de 2018, Samsung presentó en el CES de Las Vegas el primer televisor comercial con resolución 8K, el Q900. La industria de la electrónica de consumo había prometido por casi seis años que estas pantallas, con cuatro veces más píxeles que el estándar 4K, transformarían la forma en que consumimos contenido en casa.
Sin embargo, ocho años después, esa revolución no ha llegado. La mayoría de los fabricantes que apostaron por el estándar 8K han abandonado el mercado. Sony dejó de fabricar su único modelo 8K, el Bravia Z9K, a principios de 2025, y no hay sucesor a la vista. En 2019, LG sorprendió con una pantalla OLED 8K de 88 pulgadas, pero ha congelado indefinidamente la producción de estos televisores. Además, TCL y Hisense, que también tenían modelos en catálogo, no han lanzado novedades en esta resolución durante el último CES. En la actualidad, Samsung es el último fabricante con modelos comerciales disponibles.
La realidad del mercado de televisores 8K
Este panorama no ha sorprendido a los analistas. En 2019, la consultora IHS Markit proyectaba que las ventas anuales de televisores 8K alcanzarían los 3,7 millones de unidades en 2021. Sin embargo, la realidad fue muy diferente. En 2022, se vendieron apenas unos 386,800 televisores 8K en todo el mundo, y en 2023, esta cifra cayó a 214,400. Aunque no hay datos definitivos de 2025, las estimaciones sugieren que apenas se venderán unas 137,000 unidades. En el mercado global de televisores, los modelos 8K representan aproximadamente el 0.1% de las ventas totales.
La 8K Association, creada en 2018 para impulsar el ecosistema, refleja la misma tendencia. En julio de 2022, contaba con 33 miembros, pero hoy solo quedan 19.
Desafíos y limitaciones del contenido en 8K
El gran obstáculo ha sido el contenido disponible, algo que la industria conocía desde el principio. Actualmente, las plataformas de streaming como Netflix, Disney+ y Amazon Prime Video ofrecen la mayor parte de su catálogo en Full HD, y solo una pequeña parte en 4K. Hollywood tampoco muestra interés en producir contenido nativo en 8K. Además, los videojuegos han hecho poco avance en esta resolución, a pesar de la compatibilidad con la PlayStation 5 Pro.
La ausencia de un formato de disco Blu-ray 8K perpetúa un círculo vicioso difícil de romper. Sin televisores 8K en los hogares, las productoras no crean contenido en esa resolución, y sin contenido, los consumidores no están dispuestos a pagar el sobreprecio por una pantalla que no pueden aprovechar.
Soluciones y el futuro del 8K
Samsung y LG intentaron superar esta limitación mediante tecnologías de escalado con inteligencia artificial, capaces de mejorar la señal 4K a una calidad cercana al 8K. Sin embargo, los resultados son limitados y no ofrecen una gran diferencia a las distancias típicas de visionado.
A las dificultades comerciales se sumó un obstáculo regulatorio en Europa. En marzo de 2023, la Unión Europea endureció su Índice de Eficiencia Energética, estableciendo límites de consumo que ningún televisor 8K podía cumplir. La norma fijaba un límite de 90 vatios para el modo de imagen predeterminado, muy por debajo de los 190 vatios que suelen consumir estos modelos.
El camino hacia el futuro
Samsung encontró un resquicio legal al configurar sus televisores para que salieran de fábrica en un modo Eco con brillo reducido, cumpliendo así la norma. Mientras tanto, la industria ha comenzado a enfocarse en tecnologías más atractivas. Los paneles QD-OLED ofrecen colores y contrastes superiores, mientras que la tecnología MiniLED ha democratizado el acceso a un brillo y control de luz que antes eran exclusivos de la gama alta.
Samsung continúa apostando por el 8K, posiblemente para no ceder un segmento que le permite mostrar su avance tecnológico. Sin embargo, incluso en la propia empresa, los modelos 8K representan una fracción menor de su catálogo en comparación con los OLED y QLED 4K que dominan las ventas.
El 8K no está técnicamente muerto, pero lo más probable es que la evolución llegue antes a monitores para PC que a televisores para el hogar. Salvo que se tenga una pantalla de más de 75 pulgadas y se vea muy cerca, 33 millones de píxeles no resultan necesarios.


