En su próximo libro “The Rise and Fall of the Artificial State,” Jill Lepore advierte que las empresas tecnológicas están reemplazando cada vez más las funciones del gobierno democrático. Este cambio, según ella, representa “un regreso a la tiranía y la misticidad bajo el dominio de algoritmos, corporaciones y máquinas.”
En el último episodio del podcast Equity de TechCrunch, Lepore, historiadora de Harvard y escritora del New Yorker, habló sobre la evolución de la idea de vivir bajo un estado artificial o un gobierno dirigido por máquinas. Así, la conversación se centró en cómo la cultura de Silicon Valley, con líderes como Elon Musk, parece estar inspirada en una interpretación errónea de la ciencia ficción.
La crítica de Lepore a la tecnología y el estado artificial
“No soy una anti-tecnológica,” enfatizó Lepore. En cambio, su preocupación radica en cómo las corporaciones privadas han asumido funciones que tradicionalmente pertenecen al estado. La autora sostiene que este proceso ha sido gradual y, en muchos casos, accidental.
La autora menciona que las innovaciones tecnológicas, aunque bien intencionadas, han llevado a un desplazamiento del papel del estado. Esto se ha visto más notablemente en Estados Unidos, donde las decisiones tomadas en los últimos 20 años han favorecido esta transformación.
Las implicaciones de la tecnología en la democracia
Lepore explica que la idea del estado artificial es un constructo que está destinado a fallar, ya que no puede sostenerse sin los recursos del mundo natural. Ella sostiene que la dependencia de tecnologías que alienan a las personas de su entorno natural lleva inevitablemente a la decadencia.
El libro también examina la evolución de la idea de progreso tecnológico, que ha sido excesivamente vinculada a la noción de progreso moral. La autora invita a los lectores a considerar los caminos no tomados en la historia de la tecnología y cómo podrían haber influido en la democracia.
La relación entre ciencia ficción y liderazgo tecnológico
Lepore argumenta que muchos líderes tecnológicos parecen ser lectores deficientes de ciencia ficción. Ella destaca que, a menudo, interpretan historias de advertencia como manuales de instrucciones para el futuro, lo que puede ser problemático.
La autora concluye que el futuro del estado artificial está en juego, y que es crucial que las decisiones se tomen en consulta con la población. Este tipo de diálogo es fundamental para evitar que las decisiones tecnológicas perjudiquen la democracia y la sociedad.


